sábado, 28 de diciembre de 2013

Asqueroso, ¿verdad?


Tras dos semanas, me levanté de la cama. Había estado buceando por el infierno. ¿La causa?
Es cierto, no os he contado la causa. Carrie. Ella me sacó las entrañas, se las dio a sus gatos para desayunar mientras se reía estridentemente. Y yo estaba allí, tirado en el suelo intentando sujetarme los órganos que pujaban por salir a reunirse con los demás.

Asqueroso, ¿verdad? Asquerosa quedó mi cama tras haber aguantado mi peso durante quince días y quince noches, mientras a mi lado situé un cubo para los vómitos, que era la única excreción que podía emitir mi cuerpo. Estuve dos semanas sin cagar y sin mear. Como no comía, y apenas bebía, cuando vomitaba se iba todo por ahí.

Nunca había sentido nada peor que aquello. En aquellas interminables sesiones de comida de cabeza me preguntaba: ¿por qué? ¿soy tan malo? ¿es ella tan mala? ¿debería dejarlo todo y terminar ya? Pero no tenía la fuerza suficiente como para levantarme de la cama para ir a comprobar todas estas cuestiones.

Finalmente, a los quince días de hibernación, y maltrato psicológico propio me decidí a levantarme. Como vivía en un ático bastante alto saqué un cigarro, después de dos semanas sin fumar, y salí al balcón. Una preciosa expectativa se abrió ante mí junto a la puerta del balcón. Me encendí el cigarro, le di tres caladas y cuando el vecino de enfrente empezó a alarmarse, mi cuerpo sin vida ya se hallaba esparcido por el suelo a cincuenta metros de distancia.



Firmado: Jack.  

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