Caminaba directa al trabajo cuando
reparó en las portadas de los periódicos que había apilados en la
entrada de un kiosko.
LA PROSTITUCIÓN SERÁ LEGALIZADA EL
1 DE ENERO
-¡Mierda!-pensó Joy, preocupada-.
Joy era una joven de veinticinco
primaveras que trabajaba como directora en una productora de cine
porno. De las primeras de su promoción, Joy siempre se había
sentido intrigada por La Industria, así que cuando terminó
Comunicación Audiovisual entregó su currículum a varias
productoras y ella misma eligió en la que quería trabajar, puesto
que la habían cogido en todas.
El anuncio del que se hacían eco las
portadas tenía que ver con la moción propuesta por el Partido
Demócrata en el Congreso, y ahora, casi seis meses después, el
Senado la había aprobado. Esta cuestión atormentaba a toda la
Industria, ya que pensaban que si la prostitución se legalizaba y
el sexo era todavía más accesible, el cine porno se vería
resentido.
Con todos estos pensamientos en la
cabeza llegó Joy al set. Esa tarde se encontraban allí Lexi Belle,
una hermosura de veintiocho años que iba a hacer un gang bang con
cinco hombres. Se encontraba allí la flor y nata del porno
estadounidense: Scott Nails, un ex- militar que empezó en el porno
porque se lo propuso su novia, que lo dejó al verlo follando tanto
y con tanta mujer; James Deen, eso sí, antes de ser acusado de
violar a Stoya; Danny Mountain, marido de Eva Angelina; Criss
Strokes, conocido por tener una polla igual de larga que su
antebrazo; y, Johnny Sins, mejor conocido como ''El calvo de
Brazzers'', el actor que cualquier persona que se haya hecho una
paja en la era de Internet conocerá.
Cuando
la vieron entrar se pusieron todos en sus puestos, pues Joy era una
directora perfeccionista que tenía dicho a sus actores que allí no
estaban ni para disfrutar ni para pasar el tiempo. Joy lo tenía
claro, estaban allí para hacerse asquerosamente ricos.
En la
escena de esa tarde, el guión decía que Lexi estaría sentada en un
sofá y los hombres irían entrando con una excusa cada vez más
endeble con el fin de meter sus falos en los agujeros de Belle.
''¿Qué se le va a hacer?'', pensó Joy, de todas maneras ella no
era guionista.
Cuando
hubieron dejado perdida a Lexi en un mar de esputos y lefazos, Joy
gritó: ¡CORTEN!, ¡GRAN TRABAJO SEÑORES!, ¡INMENSO TRABAJO,
SEÑORITA!, y se marchó.
Estaba
pensando en los AVN que se celebraban ese fin de semana cavilando que
la gran escena que acababan de grabar se colaría, seguro, en la
categoría de mejor gang bang del
año siguiente, y no andaba desencaminada observando que la gente no
dejaría de ver porno mientras ella fuese directora.