jueves, 7 de agosto de 2014

Crónicas de un mundo sin fútbol


Año 2020. En un pleno extraordinario de la Organización de Naciones Unidas ocurrió un hecho insólito. Se decidió erradicar en todos los países miembros el deporte más seguido del mundo, el fútbol.

Esta decisión causo un seísmo mundial de dimensiones tremendas. En Inglaterra la gente salió a la calle (¡durante la hora del té!) a manifestarse en contra de la Decisión. En Argentina tuvieron que sacar los tanques para evitar un ataque abrupto contra el gobierno por parte del pueblo, entre los que se encontraba en primera fila de combate la Iglesia Maradoniana.

Por su parte, el pueblo español se enteró tarde del fallo porque el caudillo Juan Carlos Monedero, tras haber dado un golpe de Estado contra el presidente de la III República, Alberto Garzón, había monopolizado los medios de comunicación generalistas. Esto tuvo lugar tras el asesinato de Pablo Iglesias a cargo de un militante del Partido Popular Reconstituido (PP-r) que se había saltado un alto que le habían dado los agentes de movilidad.

Año 2022. Los dos primeros años en los que el mundo había sido privado del fútbol fueron una tragedia. Privaron a millones de familias de empleo, como los trabajadores de los estadios, los extras en los bares los fines de semana o los propios jugadores y entrenadores de fútbol. Cuando se llegó a este año 2022 diversos jugadores que habían ganado millones de euros jugando al fútbol lo habían perdido todo y Cristiano Ronaldo ya no tenía dinero para pantalones cortos rosas ni para arreglarse las cejas.

Pero algunas cosas sí que mejoraron. Tras la Decisión, Santiago Segurola se convirtió en Ministro de Información, para regular todas las noticias que se vertían en los medios españoles. Desapareció el fútbol de todos ellos, incluso Tomás Roncero fue hallado muerto en el Manzanares. Alfredo Relaño, ex-director del extinto diario AS, ya sostenido por un bastón y con ceguera parcial, estuvo con él antes de que decidiera tirarse, y apunta que las últimas palabras de Roncero fueron: ''vivir en un mundo sin el Madrid no tiene sentido''. Dejó atrás dos hijos y una mujer agobiada por las deudas en alcohol y cocaína.

Así pues, desparecieron a parte del AS, el diario Sport, pues según su último director: ''no vamos a gastar más tinta de color si no es para sacar camisetas azulgranas'' y el Superdeporte. Este tuvo que disolverse en 2016 cuando Peter Lim dejó el Valencia y con él, la entidad dejó de existir.

Todas las subvenciones que se llevaban los papeluchos deportivos fueron destinadas a revistas culturales. La Revista en Blanco y Negro nunca tuvo tanta tirada como en el período posterior a la Decisión. Bajo el mandato de Monedero, Santiago Segurola cerró el canal Telecinco, mandando fusilar a todos aquellos que trabajaban en la cadena entre las doce del mediodía y las ocho de la tarde, además de a todos los miembros de Deportes Cuatro porque, total, sin fútbol solo daban dos minutos de información deportiva.

Esto produjo varias manifestaciones a favor del Régimen, que hicieron que se consolidase. Monedero consiguió, tras 14 años de crisis galopante, que España consiguiera llegar a los límites de paro anteriores al año 2008.

El Ministro de Festejos Públicos, Joan Laporta, tras haber dejado de lado a Catalunya cuando estuvo a punto de independizarse, montó una fiesta en el Luz de Gas que acabó con la bebida de toda Catalunya y un pueblo de Aragón al que había ido a comprar tabaco cuando pasó por allí procedente de Madrid.

Como el fútbol había desaparecido, había que hacer algo con el dinero que se destinaba a él. Esto hizo que España se decantara por la Orientación como deporte nacional, consolidándose Luís Sánchez como campeón de España y abanderado de nuestro país en los Juegos Olímpicos de 2022.
En lo referente a otros deportes, Ricky Rubio se había convertido en el jugador español que más internacionalidades acumulaba con su selección con 226, repartidas en 14 temporadas en las que jugó con la selección absoluta de baloncesto. Rafa Nadal se retiró por una lesión de rodilla, tras haber ganado dieciséis Grand Slam, a uno del máximo histórico de Roger Federer. A Federer, El País estuvo a punto de hacerle una campaña de desprestigio por tener cuentas en Suiza sin haberse enterado de que era suizo.

Tras cuatro años de gobierno del caudillo Monedero, Estados Unidos declaró que su población se había resentido tras la Decisión. Había gente tirándose desde el Golden Gate por no poder ir a recibir a los jugadores del Madrid cuando estaban de gira por California, un infierno para ellos. Se volvió a votar la Decisión, y ante las presiones de Estados Unidos, la mayoría de los países de las Naciones Unidas votó a favor de que se aboliera.

En España, el día siguiente a la II Abolición, cayó el caudillo Mondero, y un partido clandestino durante esos años, Alianza Popular, se hizo con el poder.




miércoles, 6 de agosto de 2014

¿Por qué eres del Atleti?


Una noche me enfrenté al frío folio en blanco, tras varios meses sin hacerlo por distintos asuntos que mantuvieron mi cabeza alejada del bolígrafo simple y llano, y no se me ocurría absolutamente nada que emborronase aquel papel enmarronado debido a su anterior naturaleza de hoja virgen y su posterior característica distintiva de folio reciclado.

Intenté por todos los medios acudir a mis autores fetiche para ver si de esta manera podía ocurrírseme un tema sobre el que divagar o deformar hasta la náusea otras obras que encendiesen en mi mente una idea que llevar a cabo. Busqué en Allen, en Bukowski, en Burroughs e, incluso, en Tolkien. Nada apareció en mi cabeza, con lo cual, me remitiré a una antigua historia que circulaba por mi mente cuando conocí a una mujer que podría haber sido mi mentora pero que, trágicamente (no sé si uso bien este vocablo para describir mi sentir), nació unos años antes que yo y ya había marchado de España, por lo menos, durante un tiempo.

Gorka estaba sentado una tarde en una conocida cadena de cafeterías en el centro de Madrid. Mientras sorbía poco a poco su caliente café de moca blanco vio entrar a una joven señorita que tenía el pelo oscuro y corto y una sonrisa radiante en la cara. Al parecer iba sola, igual que el muchacho.

Tras pedir su propio café, la muchacha se sentó junto a la ventana para leer lo que parecía desde la distancia un número de Jot Down, pero en seguida se quedó ensimismada mirando a la gente pasar por la calle deprisa, ocupada en sus asuntos. Mientras la joven mantenía la mirada perdida en la gente, Gorka tenía la mirada perdida sobre ella.

En un momento dado, Gorka se levantó de su cómodo sillón para acercarse a la mesa de la chica y se presentó:

-Hola.

Ella lo miró de arriba a bajo como sopesando si debía corresponder a aquel abordaje al que se había tirado sin red el chaval, cuando dijo:

-Hola.

Antes de escuchar la devolución del saludo, Gorka echó a correr por la plaza de Callao en dirección a Plaza de España. La joven se quedó estupefacta de ver la reacción que había conllevado su medio saludo y salió de la cafetería con el café en la mano y la revista en la mochila, sin un destino concreto.

Gorka giró a la izquierda en la esquina de Plaza de España y bajó, ya andando, hacia el templo de Debod. Le gustaba ir allí cuando no tenía nada que hacer ni nadie con quién estar, para sentarse y observar el horizonte que se extendía más allá de la Casa de Campo.

Mientras tanto, casi mareada, la joven muchacha había bajado por la calle Preciados y girado a la derecha cuando llegó a Sol para acercarse a los jardines del Palacio Real, por donde le gustaba pasear cuando tenía el cerebro embotado debido a sus múltiples preocupaciones.




Al llegar al Templo, Gorka se sentó en uno de los espacios con césped que hay rodeándolo, y tranquilamente se lió un canuto. Llevaba fumada la mitad cuando reparó en una silueta conocida que avanzaba andando con la cabeza agachada unos metros por delante de él.
La muchacha había avanzado por los jardines del Palacio Real hasta que, casi sin darse cuenta, se había plantado en las escaleras que suben al Templo de Debod. Las subió con calma y avanzó cerca de mirador que enseña el paraje de la Casa de Campo. Mientras avanzaba, alguien se puso en su camino. Se trataba del muchacho que la había abordado en la cafetería una hora antes.

-Hola-dijo ella al verlo-.

-Hola, siento lo de antes. Soy un poco tímido-replicó él, con los ojos vidriosos-.

-Ya me he dado cuenta. ¿Qué te ha llevado a saludarme allí?-preguntó ella-.

-Me he fijado que habías sacado una Jot Down, y... no sé, me he interesado por ti.

-Ya veo.
-¿Quieres sentarte un rato conmigo?-preguntó Gorka, acariciándose el cabello sin muchas expectativas-.

-Bueno, así podrás contarme porqué tienes los ojos colorados-respondió ella con una sonrisa-.

Gorka la condujo al lugar donde se hallaba sentado antes de envalentonarse por segunda vez ese día para hablar con la misma chica. Se sentaron.

-Me llamo Gorka, por cierto-dijo-.

-Yo Carlota-repuso la chica-.

Gorka enseñó a Carlota el porqué del nuevo color de sus ojos, y ella aceptó el cigarrillo cuando él se lo ofreció. Gorka pensaba que si estaban los dos colocados la conversación fluiría por sí sola. Al cabo de diez minutos charlaban como si se conocieran de toda la vida. Carlota había acabado la carrera y ya trabajaba en como profesora suplente de lingüística. Al enterarse de ello, Gorka se sobresaltó, puesto que él acababa de dejar de lado la publicidad para decantarse por algo que había llamado siempre su atención pero en su momento no tuvo el valor de escoger, la filología hispánica.

Hacía ya un rato largo cuando Carlota se miró el reloj de pulsera que adornaba su pálida muñeca cuando se levantó de un salto y le dijo a Gorka:

-Tío, tengo que irme.
-¿Ya?-preguntó el chaval, pues las dos horas que llevaban hablando se le habían pasado como un suspiro-.

-Sí, joder-respiró ella, angustiada-. El partido empieza en una hora, y aún tengo que llegar al Calderón.

-¿No me digas que tienes entrada para ver la final allí?-preguntó Gorka, menos preocupado que ansioso por estar más tiempo con Carlota-.

-Sí, pero tengo que irme, ¡ya!

-Te acompaño-dijo tajantemente el joven-.

-¿Cómo que me acompañas? ¿No quieres verlo?-preguntó ella, extrañada-.

-No me importa mucho, la verdad. Un Madrid-Atleti en la Final de Champions, ya ves tú- dijo él con una media sonrisa-.

-Está bien, ¡pero vámonos ya!-dijo ella tirando del brazo de Gorka-.

Bajaron las escaleras de nuevo, y a las espaldas del Senado pararon un taxi, pues en Metro era imposible llegar a las nueve menos cuarto a la ribera del Manzanares. Carlota estaba fuera de sí, era una gran aficionada a todo lo que representaba el Atleti y sobre todo la más cholista de todo Madrid.

Cuando llegaron a las puertas del estadio se encontraron con los amigos de Carlota, que la estaban esperando para entrar. Se quedaron un tanto parados al verla acompañada de un tío al que nunca habían visto. Se acercaron un poco más a ellos y Carlota y Gorka se despidieron.

Carlota se acercó a sus amigos y preguntó:

-¿Dónde está Bel?
-No ha podido venir. Ayer jugando al hockey se destrozó la rodilla-dijo Andrés, uno de los amigos-.

-¡Hostia! ¿Entonces qué?-respondió Carlota-.

-Igual tu amigo quiere entrar-respondió Kaco, otro de los amigos de Carlota-.

¡GORKA!-gritó la muchacha en la distancia-.

Gorka se dio la vuelta y se acercó.

-Dime-respondió-.

-¿Quieres venir?

-Me encantaría-dijo el chaval con una sonrisa-.

El resto de la noche es de sobra conocido hasta que el árbitro pitó el final. Los seguidores del Atleti abandonaron el estadio en un silencio incómodo. Carlota y sus amigos se despidieron cuando llegaron a la parada de Metro de Antón Martín, y Gorka bajó con ella.



La intentó animar en el camino de vuelta a casa con varias de las chorradas que se le ocurrían mientras ella seguía indignada y con alguna que otra lágrima asomando por sus preciosos ojos pardos hasta que al llegar al portal de ella, dijo:

-No pasa nada, Carlota. Piénsalo bien. Ha sido una primera cita extraordinaria.

Ella alzó la vista, lo miró a los ojos y, por primera vez desde el gol de Godín, sonrió.