Cuatro días después,
Gorka se levantó de la cama de Emma cuando leyó una nota que ésta
había dejado encima de la mesita. Encontrémonos en el parque.
Gorka se vistió rápidamente y bajó al parque que había cerca de
la residencia de estudiantes donde se hospedaban. Emma lo estaba
esperando cuando le dijo que ya estaba bien todo aquello y que no
quería continuar con su relación con Gorka. El joven se quedó
anonadado. ¿Qué hostias había hecho para ese cambio? Emma lo dejó
allí plantado y Gorka se fue a dar un paseo por el parque mientras
se comía la cabeza.
Ese
día tenían una visita a Chinatown. Mientras
paseaban por los puestos de pollos, tiendas de souvenirs,
heladerías y demás, el joven llevaba sus auriculares y se
había puesto una canción completamente triste y anodina en bucle,
estaba tremendamente destrozado, teniendo en cuenta que hacía cuatro
días que conocía a la muchacha. Habían parado en una cafetería y
Gorka preguntó a Pedro si podía volver sobre sus pasos para
comprarse una camiseta. Al pasar por delante de un músico callejero
escuchó que éste tocaba Layla, entonces
Gorka le echó un dólar canadiense en la funda de la guitarra. Llegó
a la tienda donde había visto la camiseta que quería y al volver a
la cafetería se encontró con el mismo músico tocando The Times
They Are A-Changing. Le volvió a echar dinero, esta vez dos
dólares. El músico, en cuanto terminó la canción, se acercó a
Gorka y le dio las gracias por la pequeña ayuda. Fue la única
sonrisa que alguien le sacó a Gorka ese día.
La
siguiente visita turística que realizó el grupo fue al Museo
Nacional de Ciencias Naturales. La visita era compartida con el
grupo de los vascos. Gorka había hecho amistad con un joven de su
edad llamado Aisa. Cuando Gorka vio a Jasone quedó prendado de la
hermosura de la muchacha. Como era amiga de Aisa, Gorka le pidió
que se la presentase. Aisa hizo lo propio y Gorka y Jasone se fueron
a dar un paseo por el Museo. La joven era típicamente vasca, quiero
decir, muy tímida y recelosa. Cuando llegaron a la parte del museo
donde se exponían animales africanos, Gorka lo tuvo claro. Había
un gigantesco león disecado y le dijo a Jasone:
-Míralo
de cerca.
La
chica se acercó a los oscuros ojos del león y cuando estaba lo
suficientemente cerca, Gorka con ambos dedos índices le dio un
apretón en los riñones. La chavala se sobresaltó y se rió. A
partir de ese momento la barrera de lo físico se había desplomado.
Fueron robándose besos a lo largo y ancho de todo el museo cuando
llegaron al Hall y los
dos grupos los estaban esperando. Los del grupo de Gorka pusieron
caras de asombro al ver al joven volver de la mano de la muchacha.
Las
cosas habían cambiado mucho desde el día anterior. Así pasaban las
cosas en un viaje de un mes, podías estar hundido un día y estar
radiante al siguiente. Lo que Gorka no se esperaba pasó esa misma
noche.
Estaba reunido en una sala común de la residencia la mayoría
del grupo cuando empezaron a irse todos a dormir, y se quedaron
solos Emma y Gorka. La muchacha empezó a tirarle de la
polla ante lo cual el chaval se
vio superado. Le gustaba tanto Emma que fue capaz de olvidar lo que
había pasado en las últimas 48 horas, de olvidar a Jasone, que
nunca se lo perdonaría, y continuar con Emma hasta que aterrizaron
en Madrid tres semanas después.
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