lunes, 10 de febrero de 2014

Gorka (I)


Gorka había empezado sus estudios de inglés a los siete años. Tenía dieciséis cuando ya había viajado por países anglosajones europeos para imbuirse de su cultura y mejorar el idioma. Había llegado la primavera de 2009 y la madre del joven decidió enviarlo un mes a Canadá para mejorar aún más el nivel de inglés de éste y que tuviera un premio por la gran dedicación que ese año había puesto en sus estudios.

Gorka tuvo un pequeño idilio con una muchacha de su pueblo pero cuando se subió al autobús de camino a Madrid, para coger el primer avión de los dos que iba a coger para volar hacia América, decidió que ese mes iba a ser su mes, y que ni esa ni ninguna chavala se lo iba a joder.

Cuando llegaron al aeropuerto, el grupo con el que iba Gorka pasó los controles de seguridad y se sentaron a esperar en la puerta de embarque. A los diez minutos de estar allí el grupo esperando, Gorka pidió permiso a Pedro (el profesor de inglés que los acompañaba) para ir a la zona de fumadores a echarse un cigarrillo.

Caminó unos metros y entró en uno de esos antros donde los fumadores, en aquella época, tenían su espacio para dar cabida a su vicio. Cuando Gorka se echó la mano a los bolsillos se dio cuenta de que no tenía mechero. En ese momento se dio cuenta de que una chica que iba en el mismo grupo que él estaba allí sentada en el suelo fumando. Era una joven preciosa. Tenía el pelo largo y oscuro, a parte de unos ojos profundísimos que sonreían por sí mismos. Llevaba una camiseta blanca básica, unos leggins rotos y negros conjuntados con unas zapatillas negras y blancas. Cuando Gorka le pidió a Emma tabaco no se podía imaginar lo que pasaría a continuación.

Se sentó junto a ella y empezaron a hablar sobre el viaje, sobre lo que esperaban de Canadá, etcétera, es decir, gilipolleces varias. Emma era amiga de una muchacha llamada Natalia, y los tres jóvenes decidieron compartir el viaje de escala Madrid-Bruselas. Una compañía de bajo coste los llevaba a la capital de Bélgica cuando Gorka empezó a enseñar a las chicas algunos dibujos que llevaba siempre consigo y que eran su marca distintiva. Las muchachas quedaron impresionadas por la calidad de sus dibujos.

Aunque en el grupo iban varias personas del pueblo de Gorka, éste no se separó ni un minuto de las dos muchachas. Volvieron a sentarse juntos en el avión de Bruselas a Toronto. Era una gran aerolínea hindú, con lo cual, el avión iba hasta los topes de hindúes. Al lado de Gorka se sentó una señora mayor que al sobrevolar el Océano Atlántico se echó una manta por encima y se quedó dormida. Al ver esto, Emma hizo lo propio y se quedó dormida también.

Gorka, al ver esta situación, con Emma sentada entre él y Natalia, empezó a decirle a ésta cuánto lo había sorprendido Emma y cuánto le gustaba. Natalia le sugirió que se lo dijera, o que hiciera cualquier cosa. Un tiempo después el chaval se enteraría de que aquella conversación había sido escuchada por Emma. 

Gorka, ante esto, metió la mano debajo de la manta de Emma y ésta, en seguida, le cogió de la mano. Un cosquilleo empezó a bajar desde la tripa del muchacho hasta las gónadas, por un simple contacto. Estuvieron haciendo manitas un rato y Gorka se metió debajo de la manta de su acompañante y se estuvieron besando dulcemente.

Como el viaje duraba tantas horas, algunos de los compañeros de viaje se empezaron a levantar y Gorka se dio cuenta de que todos rondaban a Emma. No podía evitar pensar:

-No habéis sido rápidos.


En seis horas consiguió una acompañante que no esperaba para el mejor viaje de su vida.  

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