Gorka había empezado sus estudios de
inglés a los siete años. Tenía dieciséis cuando ya había
viajado por países anglosajones europeos para imbuirse de su cultura
y mejorar el idioma. Había llegado la primavera de 2009 y la madre
del joven decidió enviarlo un mes a Canadá para mejorar aún más
el nivel de inglés de éste y que tuviera un premio por la gran
dedicación que ese año había puesto en sus estudios.
Gorka tuvo un pequeño idilio con una
muchacha de su pueblo pero cuando se subió al autobús de camino a
Madrid, para coger el primer avión de los dos que iba a coger para
volar hacia América, decidió que ese mes iba a ser su mes, y que
ni esa ni ninguna chavala se lo iba a joder.
Cuando llegaron al aeropuerto, el
grupo con el que iba Gorka pasó los controles de seguridad y se
sentaron a esperar en la puerta de embarque. A los diez minutos de
estar allí el grupo esperando, Gorka pidió permiso a Pedro (el
profesor de inglés que los acompañaba) para ir a la zona de
fumadores a echarse un cigarrillo.
Caminó unos metros y entró en uno de
esos antros donde los fumadores, en aquella época, tenían su
espacio para dar cabida a su vicio. Cuando Gorka se echó la mano a
los bolsillos se dio cuenta de que no tenía mechero. En ese momento
se dio cuenta de que una chica que iba en el mismo grupo que él
estaba allí sentada en el suelo fumando. Era una joven preciosa.
Tenía el pelo largo y oscuro, a parte de unos ojos profundísimos
que sonreían por sí mismos. Llevaba una camiseta blanca básica,
unos leggins rotos y negros
conjuntados con unas zapatillas negras y blancas. Cuando Gorka le
pidió a Emma tabaco no se podía imaginar lo que pasaría a
continuación.
Se sentó junto a
ella y empezaron a hablar sobre el viaje, sobre lo que esperaban de
Canadá, etcétera, es decir, gilipolleces varias. Emma era amiga de
una muchacha llamada Natalia, y los tres jóvenes decidieron
compartir el viaje de escala Madrid-Bruselas. Una compañía de bajo
coste los llevaba a la capital de Bélgica cuando Gorka empezó a
enseñar a las chicas algunos dibujos que llevaba siempre consigo y
que eran su marca distintiva. Las muchachas quedaron impresionadas
por la calidad de sus dibujos.
Aunque en el grupo
iban varias personas del pueblo de Gorka, éste no se separó ni un
minuto de las dos muchachas. Volvieron a sentarse juntos en el avión
de Bruselas a Toronto. Era una gran aerolínea hindú, con lo cual,
el avión iba hasta los topes de hindúes. Al lado de Gorka se sentó
una señora mayor que al sobrevolar el Océano Atlántico se echó
una manta por encima y se quedó dormida. Al ver esto, Emma hizo lo
propio y se quedó dormida también.
Gorka, al ver esta
situación, con Emma sentada entre él y Natalia, empezó a decirle a
ésta cuánto lo había sorprendido Emma y cuánto le gustaba.
Natalia le sugirió que se lo dijera, o que hiciera cualquier cosa. Un tiempo después el chaval se enteraría de que aquella conversación había sido escuchada por Emma.
Gorka, ante esto,
metió la mano debajo de la manta de Emma y ésta, en seguida, le
cogió de la mano. Un cosquilleo empezó a bajar desde la tripa del
muchacho hasta las gónadas, por un simple contacto. Estuvieron
haciendo manitas un rato y Gorka se metió debajo de la manta de su
acompañante y se estuvieron besando dulcemente.
Como el viaje
duraba tantas horas, algunos de los compañeros de viaje se empezaron
a levantar y Gorka se dio cuenta de que todos rondaban a Emma. No
podía evitar pensar:
-No habéis sido
rápidos.
En seis horas
consiguió una acompañante que no esperaba para el mejor viaje de su
vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario