jueves, 13 de octubre de 2016

El tiempo pone a cada una en su sitio


Rodeada de kilómetros cúbicos del líquido elemento no podía apenas respirar. Una buena mañana, una figurita vino a beber un poco, y se marchó. Hacía bastante calor para la hora que era, y algo empujó de mí hacia arriba. Al colisionar con el borde me vi abandonando mi casucha y me elevé, me elevé...

Algunas de mis amigas vinieron conmigo, parecía una excursión. Íbamos todas cogidas del babi, por detrás, mientras ascendíamos. Llegado el momento, nos establecimos a una altura considerable sobre nuestras casuchas y, en lugar de agarrarnos del babi, nos fuimos uniendo unas a otras en perfecta armonía. Ya no teníamos físico, éramos extrañas a nuestros ojos. Compartíamos esencia. Fuimos formando grupos hasta que nos constituimos en uno solo.

Pasó el tiempo. No tenía constancia de mi propia existencia como individuo, así que no controlaba conceptos huecos y vacíos como el tiempo. Pasaron días, tal vez semanas, no lo pude saber. Lo sustantivo es que, llegado el momento, fuimos despojadas de nuestra extraña unidad y fuimos lanzadas al vacío como pasas de un surtido de frutos secos. Nos fuimos precipitando, una a una, al vacío. No sabíamos cual era nuestro destino. Pero algo teníamos claro: nuestra unidad anterior no desaparecería. Cuando vimos donde habíamos caído nos miramos aliviadas. No eran nuestras casuchas, ni siquiera estábamos rodeadas las unas de las otras, pero habíamos vuelto a caer en aquel lago tirolés del que habíamos salido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario