miércoles, 17 de septiembre de 2014

Quizá debió dejarlo ahí


Sentado con las piernas cruzadas en una calle secundaria, llorando completamente desconsolado mientras ella se pavoneaba en la acera de enfrente. Hacía un rato habían tenido la penúltima conversación que él recordaría para siempre, que terminó con un resignado: ''vete con tus amigas''.

Todo había comenzado tres noches antes. Se conocieron, se quisieron unas horas y él, al dejarla en su casa, había empezado a darle vueltas a la cabeza. ¿La volveré a ver?, se preguntaba. Se acostó, solo y cansado, y tardó una hora en caer rendido, cuando el sol ya estaba llegando a su altura máxima.

Cuando despertó seguía pensando en la muchacha. En cómo sonreía con la mirada, en cómo apretaba su mano cuando él se la cogía, y en cómo había disfrutado la noche anterior. Quizá debió dejarlo ahí, en una simple noche perfecta, pero Jack no era de ese tipo de gente. Quizá debió dejarlo ahí.

Pasó todo el día mareando a sus amigos con que era la chica perfecta. Ellos le aconsejaron que lo dejara como estaba, que había estado de puta madre y ya había terminado. Intentó dar con ella, pero le fue imposible. Así pasó la noche de después.

La segunda noche, cuando estaba de fiesta con sus amigos, a Jack lo levantaron del suelo los cosquilleos que sintió en la tripa al volverla a ver. Pero esa noche, fue otro espejismo, como lo había sido dos noches antes. Él hizo una locura inconfesable aquí, y volvió a irse a dormir con la cabeza llena de pájaros.


Todo concluyó por el principio de estas palabras. Después de aquellas lágrimas, el joven se fue a casa, bastante ebrio, luchando contra todo para que la puta habitación dejase de bailar a su alrededor. Cuando escribió esto, seguía pensando en ella, pero las nubes no tardaron en aparecer para ocultarlo todo, y desencogerle el corazón.  

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