Sentado con las piernas cruzadas en una
calle secundaria, llorando completamente desconsolado mientras ella
se pavoneaba en la acera de enfrente. Hacía un rato habían tenido
la penúltima conversación que él recordaría para siempre, que
terminó con un resignado: ''vete con tus amigas''.
Todo había comenzado tres noches
antes. Se conocieron, se quisieron unas horas y él, al dejarla en
su casa, había empezado a darle vueltas a la cabeza. ¿La volveré a
ver?, se preguntaba. Se acostó, solo y cansado, y tardó una hora
en caer rendido, cuando el sol ya estaba llegando a su altura
máxima.
Cuando despertó seguía pensando en
la muchacha. En cómo sonreía con la mirada, en cómo apretaba su
mano cuando él se la cogía, y en cómo había disfrutado la noche
anterior. Quizá debió dejarlo ahí, en una simple noche perfecta,
pero Jack no era de ese tipo de gente. Quizá debió dejarlo ahí.
Pasó todo el día mareando a sus
amigos con que era la chica perfecta. Ellos le aconsejaron que lo
dejara como estaba, que había estado de puta madre y ya había
terminado. Intentó dar con ella, pero le fue imposible. Así pasó
la noche de después.
La segunda noche, cuando estaba de
fiesta con sus amigos, a Jack lo levantaron del suelo los
cosquilleos que sintió en la tripa al volverla a ver. Pero esa
noche, fue otro espejismo, como lo había sido dos noches antes. Él
hizo una locura inconfesable aquí, y volvió a irse a dormir con la
cabeza llena de pájaros.
Todo concluyó por el principio de
estas palabras. Después de aquellas lágrimas, el joven se fue a
casa, bastante ebrio, luchando contra todo para que la puta
habitación dejase de bailar a su alrededor. Cuando escribió esto,
seguía pensando en ella, pero las nubes no tardaron en aparecer
para ocultarlo todo, y desencogerle el corazón.
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