miércoles, 9 de octubre de 2013

El baño


Pete era un chaval que había engañado a muchas mujeres para llevárselas a la cama. Era una suerte de don que tenía. Cuando quería acostarse con una mujer era capaz de cualquier cosa con tal de acabar follando. Una noche se encontraba con Jack en la terraza de un bar, charlando, cuando se sentaron con ellos Mary y Lucy. De las dos, Pete hubiera cometido una atrocidad demasiado cruel para acostarse con Lucy, pero esa noche le tocaba a Mary sufrir el calentón de Pete. 

Llevaban un rato hablando nada más que de jilipolleces con las dos mujeres, corrían las cervezas y a Pete ya se le estaba calentando la entrepierna. A Pete le volvía loco que una mujer tuviera el pelo negro oscuro, muy oscuro, y si además lo tenía ondulado ni siquiera podía pensar. Se ponía malo. Le daba un aspecto salvaje a la mujer y eso le ponía cachondísimo. Tenía la necesidad de hacerla suya. En la terraza del bar había mucha gente, estaba acabando el verano y los habitantes de aquel pequeño pueblo de Missouri intentaban aprovechar los últimos resquicios de la temporada estival. Al contrario que dentro del bar, donde esperaba el dueño del local, Louie, esperando a que los bebedores entrasen dentro a pedir la siguiente ronda. Después de la quinta cerveza, Mary entró al baño. Al minuto de entrar la joven, Pete se excusó ante Jack y Lucy y entró al bar. Allí estaban únicamente Louie y un amigo suyo que había ido a tomarse una copa antes de volver a casa. 

Pete avanzó hasta el fondo del local donde se encontraban los baños, y esperó en la puerta del de mujeres. Cuando Mary salió, Pete le puso la mano derecha en el lado derecho del cuello y la besó en los labios de forma prolongada. Después de esto, Mary agarró la mano izquierda de Pete y lo introdujo en el baño de los caballeros. Se encerraron allí dentro y, en seguida, sus labios volvieron a encontrarse, esta vez de forma más pasional si cabe. Al momento, Pete estaba agarrando del culo a la muchacha y la subió al soporte del lavabo. La cogió del botón de los pantalones vaqueros y se los quitó. Siguieron besándose apasionadamente y Pete comenzó a comerle el coño. Esta empezó a gemir como una descosida, entonces se apartó un poco del muchacho. Se levantó y le bajó los pantalones. Empezó a chupar. Se metió la polla en la boca y succionó. Arriba y abajo. Arriba y abajo. A Pete le encantaban las mamadas, él creía que sin sexo se podía vivir pero sin mamadas, imposible. Cogió del pelo negro y rizado a la chica y tiró de él. Adelante y atrás. En un arrebato, Pete volvió a aupar a la muchacha y la montó. Se la estaba follando como si no existiera el mañana. De repente, Louie tocó a la puerta y gritó algo inaudible. Pete y Mary siguieron a lo suyo sin hacer mucho caso al tabernero. Continuaron dándose placer. La chica parecía que se iba a echar a llorar, estaba gozando exageradamente. Al rato, Pete se corrió. Se apartó de la joven y se limpió la cara y la polla, saliendo del baño al instante. En la barra estaban Louie y Jack descojonándose y cuando vieron a Pete se pusieron a aplaudir. Lo único que salió de la boca de Pete fue:

-Louie, ponme otra, va. 

5 comentarios: