miércoles, 26 de noviembre de 2014

Un día más


Te levantas por la mañana. Un día más. Llueve. Hace frío. Te pones delante del espejo y no te gustas. Abres el grifo de la ducha. Mientras el agua se calienta, te lavas los dientes. Sale sangre, debido a una mala higiene y a la polución de la gran ciudad. Te pones bajo la ducha, te enjabonas el cabello, te secas y sales. Con el ojo derecho medio pegado aún te pones los calzoncillos, pantalones, calcetines, zapatillas y camiseta, por este orden. Te haces un café que te jode dos cosas: primero, la cavidad bucal por la temperatura de éste; segundo, tener que lavarte los dientes por segunda vez. 

Te vas a trabajar. Como mínimo ocho horas, pero nunca son ocho horas. Vuelves a casa, estás sólo, ya que tu mujer (ya ex mujer) se llevó a los niños cuando decidió terminar contigo, por gilipollas. Te abres una mierda de cerveza, porque con tu sueldo no puedes comprar nada mejor y te pones el fútbol en la misma televisión que tenías a los catorce años en casa de tus padres, hasta que decides irte a la cama. Y ya ha pasado otro día más.  

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